domingo, 3 de enero de 2010

Un Partido Cualquiera.

Adolescente de 17 años. Se cree el rey de la fiesta. Usa boxers rojos porque atraen al sexo femenino según su mamá, que es una suerte de machomen a la mexicana. Es un fracasado en la conquista y en su cortejo y sus virtudes las basa en la limpieza corporal. Siempre lleva tenis blancos y le va al Atlante. Su secreto es que es un cabrón para el ajedrez. Habla esperanto y odia a los geeks. Tiene Hi5 y le da miedo ir al baño en las noches. Lo asusta la oscuridad hasta el punto de hacerse pipí en los pantalones. Se llama Adrián Pérez Miramontes y vive en Tlalnepantla edomex, en las fábricas.

Autores: Yunuhel, Fernando Colín Roque.

I
En el partido de Pumas vs. Atlante, los ánimos estaban elevados. Entre tanto público, Adrián y sus amigos, el Johnny, el Sebas, Marquitos y Pisto presumían tener al Atlante como mejor equipo de futbol, burlándose incluso, de los fans del equipo contrario. Su emoción era tal, que terminaron gritando y aullando desaforadamente y que, después de un rato, empezó a molestar a la gente.  Pidieron cervezas para el calor, bebiendo a tragos y salpicando saliva a los disgustados aficionados de adelante. Entre estos, estaban unas chicas guapas, que voltearon a verlos incrédulas. Adrián, como siempre, se jactó y le guiñó el ojo, tratando de poner a prueba sus dotes de dandy. Ellas, haciendo una mueca de asco y disgusto, voltearon rápidamente a disfrutar lo que quedaba del partido, intentando ignorar el escándalo y el acoso por parte de Adrián y sus amigos.
Conforme pasaba el partido, el Atlante iba perdiendo y ellos, cada vez mas se desilusionaban, al grado que en los últimos minutos se quedaron totalmente callados. Las chicas se burlaban y, al final del partido, se carcajearon. Adrián y Marquitos quisieron acercárseles después; no obstante, unos tipos fuertes intercedieron por ellas y terminaron dejándolos en el suelo con un puñetazo en la cara. Los tipos se llevaban a las chicas, quienes remataron dándoles una patada a los pobres golpeados...
Un partido más que acababa mal para Adrián...

II
En la pantalla de su computador, Adrián revisaba si tenía solicitudes de amigas en su Hi5. Frustrado por no tener ninguna, revisó las páginas de sus amigos donde tuvieran chicas, a quienes enviaría solicitudes que, desafortunadamente, nunca le serían después contestadas. 
Su mamá solía animarle diciéndole que su suerte mejoraría para la próxima. Le aconsejó no dejara de ponerse sus boxers rojos para el amor ya que, según ella, le daría suerte para encontrar a una chica linda que supiera cocinar. Adrián asintió, aunque no estaba muy de acuerdo con lo de la chica cocinera. Revisó su reloj, y viendo que ya eran las diez de la noche, se despidió de su mamá de beso en la mejilla, ya un poco nervioso, ya un poco ansioso de llegar pronto a su cama para dormir.

III
Adrián estaba en una de las tantas fiestas de Johnny. Aquella festividad era un poco diferente, ya que extrañamente atraía la atención de los presentes. Se había vuelto una celebridad. Se veía rodeado de bellas mujeres que lo acariciaban y lo besaban. De pronto, aparecía el amor de su vida enfrente de él y un imposible: Mariazul, una compañera de la clase de Esperanto. Callada, tímida, inteligente, bonita, el prototipo de chica que sus amigos nunca aceptarían. La tacharían de ñoña y fea, poco desarrollada a su gusto y que seguro terminaría solterona. No obstante, ella se dirigía hacia él, segura y con un paso firme; quitando de su paso a las presentes y sentándose a su lado. Estaba mas atractiva que nunca.
Tuvo entonces el impulso alocado de besarla un poco, tocar sus labios suaves y rosados, con la esperanza de mostrarle lo mucho que le gustaba. Estaba a punto de besarla cuando de pronto, la habitación comenzó a llenarse de oscuridad. Todo el mundo empezaba a desaparecer. Sudaba frío y sintió como su cuerpo temblaba ante la creciente oscuridad. Entró en pánico. La gran mancha negra llegaba ahora a sus pies. Aterrorizado, forcejeaba violentamente para quitársela sin éxito. Invadido no pudo mas y gritó... 
-¡¡No, suéltame... No!!
-¡¡Déjame en paz!! ¡¡Nooooooooooooo...!!
Sintió el mareo y vió líneas rayadas como de televisión...
-¡¡¡Ring, ring, ring, ring...!!!
Adrián se levantó precipitadamente. Se escuchaba a lo lejos el ruido de los trabajadores que iban a sus respectivas fábricas. Ya había amanecido...
-¡Oh..! Solo fue una pesadilla...- Se levantó de la cama, pero cuando se paró, sintió que sus bóxers estaban mojados: se había orinado de miedo en la cama.

IV
En la cafetería de la prepa, Adrián y sus amigos hablaban del próximo partido del Atlante. Estaban muy ocupados cuando Adrián volteó y le llamó la atención un papelito curioso pegado en la pared:
"A toda la Comunidad Académica se les invita a concursar en el Noveno Torneo de Ajedrez, que se celebrará el día... de este mes. Las inscripciones son toda esta semana en la Dirección de Actividades Recreativas..."
Adrián no dijo nada, pero observó el cartel y desvió su mirada al suelo, como si tratara de encontrar respuestas en la nada. Sacudió su cabeza y regresó, entonces a la conversación.
-Adrián.. ¿Vas a ir a la fiesta de Johny?- preguntó el Sebas. 
-No lo sé, es que tengo cosas que hacer- recordando su miedo a la oscuridad.
-Anda, nunca sales con nosotros de noche y creo que ya es hora de poner en práctica tus conocimientos de conquistador...
-¡Vamos Güeeeey!- dijeron los demás.
-E-e-esta bien...-titubeó-pero solo un rato...
-¡¡¡Ay güey, ni que te fueran a robar...!!!
Adrián se quedó callado.

V
Por la tarde Adrián asistió a su clase de Esperanto y, mientras el profesor daba su clase, no dudaba en observar a su querida Mariazul, concentrada en las palabras del pizarrón. Estaba en su distracción, cuando el codo en el que estaba recargado resbaló, golpeándose la cara sobre el pupitre. El profesor volteó y todos voltearon:
-¿Qué fue lo que pasó?-. Una voz habló entre los presentes:
-Profesor, este chico nos está distrayendo; le pido amablemente que lo saque del salón.
Adrián hizo una mueca de enojo. Sabia quien era. Miró a quien fuera su mas odiado enemigo, desde que entraron a la prepa: Daniel Lara Rodriguez. Chico pálido, delgado, de cabello largo, pero relamido completamente; de lentes gruesos y enormes, saco gris, camisa amarilla, pantalones verdes. Para muchos, un verdadero ñoñuelo. Era un alumno brillante en todo tipo de ciencias, ganador de varios concursos. Tipo engreído, egoísta y egocéntrico. Tenía como "amigos" a sus "discípulos", otros chicos de la misma pinta que disputaban a diario un lugar junto a Daniel. Pero lo que Adrián detestaba más era su presunción con respecto a las computadoras y su actitud por saber lo último de la tecnología. 
-Señor, tendrá que salirse de mi clase- exclamó el profesor.
Sin otra opción, tuvo que tomar sus cosas y retirarse; no sin antes mirar por último a su querida Mariazul, donde cruzaron miradas furtivas. Daniel se sonrió y Adrián, sin quitarle su mirada de rabia, tomó su mochila futbolera y salió. Metió las manos en su bolsillo.

VI
LLegó la fiesta de Johny. Después de una semana atrejeada, era hora de despabilarse. La mayor parte de ella, Adrián había intentado ligarse algunas chavas sin resultado alguno. Una de ellas, en el afán de sentirse agredida, le tiró tremenda cachetada haciendo que se le inflamara la mejilla. Adrián se sentía levemente disgustado y mayormente aburrido. Fue cuando entonces se fue la luz...
El cuerpo de Adrián empezó a temblar. Lleno de pánico, corrió por toda la casa. Chicos y chicas se espantaron por la corretiza de Adrián y gritaron. Él salió aliviado, pero al verse en la calle, se dio cuenta que toda la colonia estaba oscura. Debía llegar a su casa como diera lugar. Lleno de miedo, caminó de manera apresurada por las calles oscuras. Era tanto su pavor que, con cualquier cosa que viera lo hacía gritar. No obstante, pensaba:
-Adrián, tienes que salir de aquí, tienes que enfrentarte a este horror. Ya no es un sueño, es una realidad. ¡Maldición! Lo peor de todo es que si hay peligro porque me pueden asaltar... lo puedo hacer, lo puedo hacer, lo puedo hacer...
De pronto, cayó bruscamente en el suelo, viendo que de su boca emanaba un poco de sangre. Adrián imploraba:
-Auxilio, ayúdenme por favor, estoy atrapado..!!!!
En su delirio, comenzó a ver una luz que se alejaba mas y mas. Con evidente cansancio, Adrián se levanto trabajosamente, tratando de alcanzar aquella luz que se alejaba mas y mas de la oscuridad. En un último intento, corrió lo más que pudo hasta caer de bruces rendido. 
Su vista se nubló un momento. Calló. Todo era oscuridad.
Unos minutos, levantó la vista.
Había llegado a las puertas de su condominio. 
Aliviado, se levantó, respirando profundamente. No obstante, se dio cuenta que en los pantalones se había orinado otra vez. Avergonzado, volteó a ver si no había mucha gente y corrió a su casa. El peligro había pasado, aunque una pareja de ancianos se le quedaron viendo y él callado, subió a casa. 
Esa noche, curiosamente durmió con la luz apagada. Ya no era el mismo de antes; no sé, quizá ahora podría ser mejor. 

VII
En el gimnasio, todos se preparaban para el gran torneo de Ajedrez. Naturalmente no había mucha concurrencia; sin embargo tenían más público que el año pasado. 
Adrián tenía su número de participante en la mochila. Obviamente sentía aún vergüenza; no obstante, ya no le importaba como lo vieran los demás, sino la seguridad que había obtenido de sí mismo y así, se sentía mejor.
Atónitos, sus amigos miraban cómo Adrián se dirigía a una mesa de ajedrez. El, sin decir nada y con una amistosa sonrisa, los saludó de lejitos y concentrándose, volteó a la mese donde estaba el tablero y su primer contrincante. 
El reloj corrió. 
En cada movimiento, Adrián juntaba sus manos maliciosamente y sonreía.
-¡Jaque Mate!- gritaba de su ya acostumbrada manera. Los jueces solo volteaban su mirada seria entre ellos.
Cada juego en el que Adrián participó, le parecía mas bien un juego de niños: fácil, sencillo y muy, muy divertido. Le divertía ver como sus contrincantes sudaban, se rompían la cabeza, miraban con preocupación, tiraban el tablero y se desesperaban al saberse perdedores y no poder continuar mas en el juego.
-¡Jaque Mate! Jajaja, perdedor...- Adrián sonreía tranquilamente e hizo su natural escándalo. Al tirar, saboreaba la jugada como si fuera un caramelo o un pastel derritiéndose suavemente en su boca. 
Después de una ardua jornada, se dio a conocer el nombre de los finalistas, y cual fue su sorpresa cuando vio que competiría con Daniel, su archienemigo y tricampeón en los torneos anteriores. 
-Jajaja ¿Tu, en este lugar, compitiendo? jajaja, no pensé que los que tenían un coeficiente menor a 80 pudieran competir... buena suerte perdedor porque volveré a ser campeón en este torneo-. Dijo esto y se carcajeó con sus otros amigos ñoños. 
Adrián no dijo nada aunque por dentro hervía su cabeza como un tomate. No obstante, decidió armarse de valor y confió en que ganaría en contra de todas las posibilidades; además, derrotar a Daniel en su propio terreno sería un gran placer y algo que no olvidaría por el resto de su vida, o si no, por el resto de la preparatoria.
Curiosamente, una gran mayoría apoyaba al novato; el tricampeón Daniel había caído en popularidad. Los amigos de Adrián aún no decían nada, hasta que uno de ellos se le ocurrió la idea de apostar por su amigo. Unos minutos después, el gimnasio ya había hecho sus apuestas, organizadas por el pisto. Parecía ser un torneo diferente.
A ambos jugadores se les dio un receso para despejar un poco la mente y para tomar algún refrigerio. En algún momento, Adrián vio a Mariazul. No se dijeron palabra, sin embargo sus miradas dijeron algo mas. Callada como siempre, se sonrojó, haciendo que Adrián se sorprendiera y quitó su mirada, avergonzado cuando en realidad estaba sumamente emocionado. 
Se acabó el tiempo. Era hora de empezar el juego. 
Se sentaron frente a frente. Mirada fuerte y penetrante. Había en el aire una gran tensión. Comienza el reloj. 

VIII
Cada movimiento era sumamente calculado. No tiraban sin antes reflexionar cada tiro y mirarse uno al otro con odio mutuo. Los lentes de Daniel se resbalaban en su sudorosa nariz. Adrián imaginaba un partido del Atlante contra el América, ...uuhh! indudablemente él no podía ni debía perder. 
Había pasado media hora y aún no habían perdido piezas. Sabían sus jugadas y que, un movimiento en falso podría quitarles ventaja en el juego. 
Adrián ahora imaginaba la oscuridad; la tenía enfrente. Empezó a sentir miedo. Ese momento de distracción hizo que perdiera uno de sus peones.
-Te estoy comiendo tus piezas perdedor, un tipo tan patético como tú no debería estar ni siquiera compitiendo. Eres como todos, creyendo que son listos, pero resultan ser muy estúpidos, jajajajajajajajajaj!
Adrián sintió un golpe de emociones en su cabeza. Trataba de aguantar pero estaba a punto de colapsar. Estaba perdiendo piezas y Daniel se reía mas y mas, señalándolo groseramente con el dedo. 
Adrián ya no aguantaba mas. No aguantaba tener que esconder lo que es y fingir algo que no lo era, no aguantaba la idea de no poder conquistar a una chica... ¡Diablos! ni siquiera había besado a una... Estaba cansado de tenerle miedo a la oscuridad, cansado de mearse... ¡Era patético!... ¡y no poder estar en fiestas en la noche!... estaba cansado...
Y eso le molestaba de él. Pero lo que le causaba rabia era que, un tipo engreído le viniera a gritar y a decirle cosas que sabía, no eran ciertas. Y sabía también que él lo había provocado; Adrián siempre fue un chico listo, inteligente, muy buena onda, pero por miedo al rechazo se convirtió en lo que era en ese momento y, que aún así, no le servía de nada. Nadie debía hacer de menos a los demás, diferenciar. Nadie es mejor porque es grande, feo, guapo, fuerte, tonto, inteligente... todos tenemos un talento o cualidad y la cuestión de Adrián, en ese momento era aceptar las buenas cualidades que el tenía; sin esconderlas y mostrar que en él había alguien mejor que eso, esa apariencia superficial. Ya no podía esconderse mas...
-¡¡Ah, ya güey, ya cierra esa bocota porque aquí yo te voy a acabar!! ¡Basta, ya!
Daniel se hizo para atrás, sorprendido. Sin embargo, no vaciló y volvió al tablero. Sentía, un pequeño escalofrío en su espalda.
-Tira-dijo Adrián. Daniel tiró, y viendo los ojos de Adrián, vió algo diferente en él. Algo que le hizo no decir nada. Adrián, en su mente recordaba la idea del juego del Atlante vs América; imaginaba el penal, en tiempo extra y con el cual podría ganar. Todos tenemos miedo, pero debemos ser valientes. Nuestro carácter nos ayudará a enfrentarnos al terror de ser comidos por el mundo, pero de las cenizas salen las nuevas buenas rejuvenecidas. Adrián tiró en el último minuto. 
El mundo se detiene, todos miran a la cancha. El destino llama nuevamente a su vida. Tira.
-¡Goooooooooooooooooooooooooooooooooooollll!-grita Adrián, y dispersando su fantasía, corrige su expresión, -¡Oh, perdón! Es Jaque Mate, jajajajajajajajajajajajajaj... Uh yeah, uh yeah, jajajajajajajajajajajajaj- su escándalo es triplicado cuando el gimnasio lo llenó de hurras y porras. En la cara de Daniel se veía una evidente vergüenza y un chico lleno de ira. Trató de protestar, pero en esas cae sobre una mesa, destruyéndola toda. Una gran mayoría se ríe. Él, Adrián Pérez Miramontes, había ganado. 

EPILOGO.
Adrián tenía el trofeo en sus manos. Ahora, había algo que lo llenaba de orgullo y se sentía libre al mostrarlo. Vio a sus amigos que lo saludaron mientras contaban las ganancias de la apuesta. Adrián rió. Giro un poco su mirada, y en esa pronta realidad, vio unos ojos azules; los labios suaves y rosados se abrían de par en par para mostrar una bella dentadura.
Adrián no se pudo contener: era su momento.