Es la pregunta que a veces me realizo cuando mi mente vuelve a esos recuerdos de antaño, cuando pasado y presente se confrontan directamente en instantes menos esperados.
Soy de las que apoyan (y todos lo sabemos, de sobremanera) que los sucesos acontecidos en los primeros años de nuestras vidas son cimientos de las formas que tomará nuestra personalidad en general. Cuando suceden acontecimientos que van mas allá de nuestra madurez para resolverlos, nos crea un conflicto, donde lo ideal es superarlo y aprender de él. O en el caso de personas como yo, viven para contarlo, pero no son las mismas desde entonces.
Lo que me pasó es quizá no tan grave como lo que les pasa a los demás. Muchos tienen problemas mayores que los míos; no obstante, lo que en mí sucedió hizo que perdiera la esperanza ante el Amor y la existencia de Dios, además de desechar la confianza de mi misma y que, he venido recuperando con el paso de los años. Indudablemente mas de uno me dirá que soy una verdadera amargada; me lo han dicho. No obstante, las acciones que nos pasó, como lo dije antes, nos convierte un poco mas, un poco menos. Trato de no echarle la culpa a aquello que ha sucedido, pero también es en parte responsable y que solo he podido perdonar poco a poco, a través del tiempo.
Todo empieza desde una infancia normal y la entrada a la adolescencia... todo empieza si hubiese dicho que si a una proposición de ser la novia de Tadeo, el arquetipo del chico que se sueña en la secundaria como el primer amor... una acción que directamente tiene en mí una gran responsabilidad y la culpa toda mía.
Si hubiera dicho que sí... recordaría a un novio que había soñado junto a el desde la primaria, quizá mis compañeros me hubieran tratado mejor, a pesar de ser la ñoña del salón. No se hubiesen burlado de mí, ni humillado, ni tratado mal. Quizá hubieran aparecido chicas que me apoyaran, que sonrieran conmigo y que me consolaran cuando Tadeo me dejara por otra. Probablemente no existiría ese episodio de suma depresión que nadie me detectó, pero que por mucho, fue una tristeza de muchos meses y probablemente hasta años después.
No hubiera deseado suicidarme.
Posiblemente seria la chica sociable que tuvo a sus amigas de los tres años de secundaria. Ya para la prepa, se hubiese vuelto una chica confiada, sonriente, reventada, buena amiga. Una chica saludable que sabe disfrutar el cotorreo de sus amigos. Sería su etapa de fiestas y de mas novios por tener; hablar airadamente de ellos o llorar porque a quien quería la ha abandonado.
Tal vez hubiese sido una chica diferente y mejor persona.
Quizá esta chica, la que está sentada frente al computador, no estaría en estos momentos, aqui, llorando...
Tal vez, esta jovencita hubiese ido a todas las graduaciones y fiestas de sus amigos... cuando entre a la universidad sería de las mejores personas, con un chico que la tuviera en ascuas, perdidamente enamorada. Sería una estudiante constante, se maquillaría, se preocuparía por verse mejor y mayormente presentable. Todos los viernes y sábados hubiera ido a fiestas, le hubiese hablado a media escuela y conservaría a sus antiguos compañeros, viéndolos de manera constante. Caminaría todos los días, confiada en que lo que está haciendo será parte de su éxito en el resto de su vida. Haría lo que ella se propusiera, sin ninguna reminiscencia de inseguridad y baja autoestima.
Probablemente hubiese llevado toda su vida una relación muy unida con su familia, considerándola indispensable en todas ocasiones y no solo uno mas de ellos.
Sería en estos momentos, quizá una mujer satisfecha, completa y feliz...muy feliz.
¿Será?
¿Eso hubiese pasado en realidad?¿No haber pasado por tanta violencia, humillaciones, burlas, llantos y desvelos por la avalancha que se me vino después de ver que no todo lo que soñamos se vuelve realidad?¿A los trece años yo quise sufrir? No, creo que no y trato de verlo de la manera mas positiva, aunque no lo parezca.
En estos momentos, no puedo sostenerme...pero compruebo que nuestras acciones tienen grandes consecuencias, aunque nosotros no pretendamos buscarlas y a veces no esperamos que sean tan malas.
A eso contesto cuando digo que el hombre no es nada cuando pierde las esperanzas y los sueños; no tiene por qué ni por cual vivir. Tengo el camino perdido, una existencia de pocos sobresaltos y mucha mediocridad. Y no olvidar que esta neurosis vendrá arrastrándose, encadenada y que no me deja soltar... ya no hay nada por el cual, llorar ni venir.
En el siguiente capítulo vendrá una inmensa cruda...
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