Yo queriendome verme como la mala... ¡que farsa, que tonta ilusión!...
... Y el viejo roble, se refresco con la brisa alegre del rocío.
En aquella madrugada, sintió como tomaba la vida nuevamente,
a través de sus raíces, preciado exilir del renacimiento;
sentía como pasaba por su cuerpo poroso,
la frescura matutina del líquido cristalino.
Y tocando las puntas de sus frágiles ramas,
movió a la par del viento,
su frondoso arbusto, que colgaba hacia el cielo;
regresándole la juventud,
que la sequía anteriormente le había traído...
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