que provenía del llanto fastuoso
de un gran vegetal.
Llora que llora,
el mar recoge el polvo y basura,
sobrevolando terrenos áureos
de mínima lucidez.
Los gritos corren
royendo entre par y par,
persiguiendo a las locas que,
desgreñados,
despiden hondas provocaciones
imperativas.
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