jueves, 19 de noviembre de 2009

Babosada.

Rebeca estaba ocupada esperando, y quizá escribiendo algunas notas importantes.
Cuando lo miró, sintió una fuerza hipnotizadora; rea esa persona la que la atraía.
Esas botas negras, sus pantalones pegados, tan apretados que podía visualizar el tamaño de aquello que traía bajo sus pantalones; camisa tan propia y elegante, igual de entallada y acentuando su figura masculina: ese pecho, su espalda, sus nalgas.
La hebilla de su cinturón que rodeaba a su cintura, todo.
Su cabello perfecto, suave, coqueto; los lentes y aquel puro que fumaba, tan desinteresada. Aquella escena lo hacía ver sensual, un hombre deseable, mezcla de tabaco y loción; fragancias exquisitas y una invitación obligada para entregarse como una esclava a su amo.
Rebeca no pudo evitarlo y, en su descuido, tiró la taza de café que tenía a su lado, disipando su mirada de babosa distracción.

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