jueves, 12 de noviembre de 2009

Sinfonia del Polvo

Música que toca,
yerge imponente su juventud y su gloria.
Las luciérnagas eléctricas brindan su luz,
el diablo ha salido de las tinieblas,
en ese hombre de fuerza perversa.
Es fuerte, joven; un ser bestial
y el falo denota su presencia sensual.

Ante mis ojos hay un panorama
la luz se abre en mí...

En mis pupilas entra el Sol,
en mis pupilas entra la Luz.

Pedazos de Vida hay en la Luz
y en la luz hay una estrella,
un dios, un demonio
que ha caído como nosotros.

Potencia viril,
caída de la virtud,
es aquel que embruja de pasión,
el séquito de hadas.
Va hacia él,
y una a una
mueren por aquel.

Es el demonio encarnado en hombre,
es Dios encarnado en su semejanza;
en su voz hay verdad y mentira
y notas que a nosotros emociona.

Es salvaje,
con su arma plateada,
demuestra la fuerza masculina;
-todas queremos probar-
dicen las hadas,
y en sonido orgiástico
llena a seres oscuros

Instante atemporal
en aquel que toca el metal.

En ese escenario que me separa de él,
hay una distancia que no me conoce.
Y en un instante la luciérnaga mas grande,
nace de un sueño, algo distante.

Rozo las yemas de mi y de mi Dios,
la luz de la estrella cae sobre él;
un instante perenne, instante presente,
sentir el sexo caliente de su voluptuosidad.

No no me abandones, mi Dios,
porque aquí y ahora,
me tienes para tu sacrificio.
El sacrificio que significa
robarte mi sexo
para dártelo a tí.

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