Rebeca iba caminando con su vestido blanco por la avenida poblada.
Su figura estilizada y los rizos que le caían en el pecho la hacían ver fresca y alegre.
Cuando llegó a la Academia de Arte muchos de sus conocidos la empezaron a saludar:
-¡Hola Rebeca!
-¡Hola Jomy!
-¡Hola Reb!
-¡Que tal Mirna!
-¡Hey Rebe!
-¡Como te encuentras Antoine!
Y así, su figura femenina cruzó por todo el campus, saludando a la gente y atrayendo las miradas, mayormente masculinas como resultado de su presencia fugaz en los pasillos...
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